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Chile: campeón de la Copa América Centenario 2016

Un espectáculo de golpes y emociones desbordadas

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WWRFM

Por WWRFM

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Argentina y Chile jugaron un durísimo partido de 120 minutos el domingo en el MetLife Stadium. Implacable. Sin goles. El ganador de la 45 copa América se decidiría por penaltis. Messi, que muchos consideran el mejor jugador del mundo, caminó hasta la portería para cobrar el primer penalti de los argentinos. Y falló. Envió el balón sobre el larguero hacia el público. Poco después vio cómo el chileno Francisco Silva lograba un gol por la izquierda que sería el comienzo de una victoria por 4 a 2.

Los jugadores argentinos, cabizbajos, se juntaron en el círculo central mientras los chilenos celebraban su victoria. Messi caminó solo por la cancha y se sentó en una esquina de su banquillo. Miró la hierba mientras los chilenos saltaban y celebraban. Al levantarse, lloraba.

Las emociones se desbordaron y llegaron al vestuario. Cuando Messi, de 29 años, regresó, sugirió de repente que su carrera en la selección había terminado.

“En el vestuario pensé que se terminó para mí la selección, no es para mí”, dijo Messi. “Es lo que siento ahora, es una tristeza grande que me vuelva a pasar, me toca errar el penal a mí, era importantísimo. Ya está. Es por el bien de todos, no nos conformamos con llegar a la final y no ganarla”.

Se esperaba que la final de la Copa América entre Argentina y Chile fuera una confrontación atractiva entre dos de los mejores equipos del mundo. Pero el partido tuvo el encanto y la belleza de una pelea callejera.

Los 82.026 espectadores, un récord en la historia de Nueva Jersey, esperaban un ejemplo de fútbol sofisticado pero vieron un espectáculo de golpes, discusiones exageradas y muchas tarjetas: ocho amarillas y dos rojas.

Para Messi fue un recuerdo de las derrotas en la Copa América de 2007, la segunda final consecutiva perdida contra Brasil, la final del mundial de 2014, perdida contra Alemania en el tiempo de descuento, y la final de la Copa América de 2015 que también perdieron contra Chile en los penaltis. Ahora se suma la derrota de 2016.

Messi ha jugado 113 partidos con Argentina. La semana pasada marcó su gol número 55 y se convirtió en el mayor goleador del equipo. Ha ganado todos los premios posibles como jugador y con su equipo, el Barcelona. Pero si no vuelve a jugar con la selección, su brillante currículum no incluirá un campeonato con Argentina.

A Chile se le reconoce por su juego rápido y su presión defensiva, un sistema que puede hacer que sus rivales se sientan como un pez que lucha contra la corriente. Argentina, en su mejor momento, puede bordar largos tramos de partido y pases con la misma facilidad de una persona que sabe tejer. Pero con diez jugadores cada uno, la final fue un partido en el que ambos equipos tuvieron que recurrir a técnicas más rudimentarias.

Era la primera vez que el torneo, que celebra su centenario, se jugaba fuera de América del Sur. Para Estados Unidos fue una oportunidad de demostrar que podría albergar otro mundial en el futuro.

vía : The New York Times

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